
Teater (2010:2-5) reduce la estructura del método a dos fases:
una de investigación y otra de acción, y lo compara con las fases del método científico. La fase de investigación tiene como finalidad conocer el problema y la de acción
producir un cambio.
Dewey (citado en Van Dalen y Meyer, 1986:39) propone las siguientes fases para
el procedimiento metodológico: 1. Percepción de una dificultad, 2. Identificación y
definición de la dificultad, 3. Soluciones propuestas para el problema: hipótesis, 4.
Deducción de las consecuencias de las soluciones propuestas, 5. Verificación de las
hipótesis mediante la acción.
Bunge (1981) destaca las siguientes fases: 1. Elegir el problema, 2. Formular el
problema con claridad: documentación y búsqueda de información relacionada con la
materia, 3. Anticipar una solución ante el mismo (hipótesis), 4. Invención de alternativas o consecuencias de esas hipótesis, 5. Diseño del procedimiento a seguir para poner
a prueba las hipótesis, 6. Aplicar el procedimiento: contraste con la realidad, 7. Establecimiento de conclusiones y 8. Extender esas conclusiones o generalizar los resultados.
Fase de investigación:
Diagnóstico y programación Esta fase está integrada por dos etapas que se retroalimentan entre sí, por un lado, con un proceso de identificación de problemas (diagnóstico), y por el otro, el proceso que anticipa los resultados que se podrían obtener (programación) después de la intervención.
Diagnóstico:
El diagnóstico permite conocer la realidad social mediante dos pasos: la recogida de información y la reflexión racional, que ofrecen la previsión de la situación. El diagnóstico no es solamente un elenco de datos, sino que lleva implícito la realización de un análisis reflexivo basado en la experiencia profesional acumulada de otros casos sociales parecidos. Los elementos que suelen integrar el diagnóstico estarían definidos por el esclarecimiento de la unidad de trabajo o demanda, la identificación de los problemas existentes, la jerarquizado por preferencias, la especificación de las alternativas de soluciones posibles, el análisis de recursos internos y externos y, por último, un pronóstico técnico de la situación o las repercusiones derivadas de la ausencia de intervención.
evaluacion: Tras la intervención, llega el momento de analizar en qué medida los logros conseguidos se corresponden con los resultados esperados en la planificación. Este proceso de medición constituye la última etapa del método, denominada evaluación, que permite medir el efecto de las acciones ejecutadas en función de los objetivos prefijados. Contabilizar cuáles se han cumplido y cuáles no, analizando los porqués de su incumplimiento, es una forma sencilla de análisis, que se puede complementar también con el uso de porcentajes, del índice de efectividad profesional y la delimitación de causas externas o internas para explicar el incumplimiento de los objetivos.
En esta fase se tendrán en cuenta los indicadores de evaluación, que previamente fueron establecidos en la fase de diseño, para poder medir y cuantificar la evolución del caso. Pueden ser cualitativos o cuantitativos, teniendo capacidad para operacionalizar los objetivos de trabajo, y poder evaluar los logros conseguidos mediante:
La utilización de alguna unidad de medida (escala, test, cuestionario, etc., realizados antes y después de la intervención).
El análisis de la calidad del servicio, estudiando resultados cualitativos de valoración.
La eficiencia, que analiza la equivalencia entre los esfuerzos realizados y los resultados obtenidos.
La persistencia y duración de los logros.
El análisis del impacto que tienen los resultados en el problema
Programación:
Esta fase consiste en estructurar racionalmente una acción, configurando un planteamiento de actuación organizada para conseguir objetivos concretos. La programación es un acto racional mediante el cual se fijan unas metas a alcanzar en función de los recursos disponibles. El elemento clave de esta etapa lo constituyen los objetivos, ya que en función de estos, se determinan las tareas a llevar a cabo y su temporalidad. En ellos, debe quedar reflejada la situación actual de los problemas y la visión futura de los mismos. El logro de los objetivos exige la utilización de medios adecuados para conseguirlos. Deberán ser realistas y estar adaptados a los recursos disponibles. Por este motivo, su viabilidad es un requisito imprescindible. Es recomendable clarificar cadenas de objetivos que comiencen con los más generales, pasando por los más específicos, y finalizando con los más operativos, que serán aquellos que permitan la medición de resultados. Esta formulación reemplaza lo abstracto por lo concreto y lo ambiguo por lo preciso.
Fase de Acción: Ejecución y evaluación Después de la fase de investigación: ya estarían disponibles el diagnóstico del problema y la planificación de las acciones para afrontarlo, siendo el momento de ejecutar el plan de actuación diseñada, y proceder a la evaluación de los resultados conseguidos.
Ejecución:
Esta fase consiste en llevar a la práctica lo que se ha programado en la etapa anterior. Es la más importante, porque da sentido práctico a la elaboración teórica de estudio del caso, y a su vez justifica el contenido de la programación, que suele estar cargada de urgencias, vicisitudes y dificultades, planteando constantemente desafíos para el cumplimiento de los objetivos de la intervención. Durante la ejecución de la programación, el trabajador social deberá enfrentarse a la toma de decisiones estratégicas en las que debería tener en cuenta los deseos del usuario, la realidad de la institución en la que se trabaja, y las relaciones con otras organizaciones con la que sea pertinente coordinarse. Encajar las posibles soluciones, con las decisiones consensuadas y las acciones efectivas, es una tarea compleja que requiere de habilidades y destrezas por parte del profesional, quien tratará de compaginar las limitaciones de los recursos, con la elección del momento adecuado para realizar las acciones, y con la coordinación de los participantes en el caso.
Es recomendable en esta fase utilizar elementos que faciliten la actuación, como la realización de entrevistas de seguimiento, reuniones de equipo, llamadas telefónicas, comisiones de trabajo, coordinación con otros recursos; y en definitiva, llevar un control y supervisión de todas las acciones realizadas.