
Es la producida por un espectador que acepta y coincide con la ideología dominante. También acepta el lugar de espectador que el texto televisivo le impone. Un ejemplo de este tipo de lectura sería la de un seguidor de los programas de Marcelo Tinelli desde 1989. Un espectador que tome los cambios y las reiteracio- nes que tuvieron estos programas durante más de dos décadas, se adecue a ellos, los considere siempre como buenos, y sienta que no tiene nada que cuestionar.
Es la que lleva a cabo el espectador que, en términos generales, acepta la ideología del programa, pero que debe adecuarse para “tomar cuenta de su posición social” (Fiske, 1987). Un ejemplo sería la popular serie norteamericana Friends. Sus seguidores extranjeros (la serie es estadounidense) aceptan su propues- ta, pero teniendo en claro que la experiencia social (y material) que viven en sus propios países las personas de alrededor de los treinta años es muy diferente a la de los protagonistas de la serie.
Es la que realizan aquellos que se oponen a todo lo que pro- pone el texto televisivo. Por ejemplo, los programas de Mauro Viale en su momento, y más recientemente, los de Jorge Rial, han generado en gran parte de la población un directo rechazo, por la selección y el modo de tratamiento de los temas. La lectura más frecuente es la negociada, y esto refuerza la idea de que tanto las socie- dades como las audiencias televisivas (que son parte de aquellas) son “una mezcla de grupos sociales que mantienen cada uno de ellos relaciones distintas con la ideología dominante” (Fiske, 1987). De aquí se concluye que todo texto televisivo es polisémico; es decir, ofrece una serie de sentidos latentes, que serán interpretados y enriquecidos por las diferentes audiencias.