
Según la OMS la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.
Son enfermedades causadas por microorganismos patógenos. Estas enfermedades pueden transmitirse directa o indirectamente de una persona a otra.
Las producen microorganismos patógenos, tales como las bacterias, virus, parásitos (protozoos) u hongos.
Los virus no contienen citoplasma, membrana celular u orgánulos. Biológicamente no tienen vida ya que no pueden repararse ni reproducirse por sí mismos.
Las bacterias son unicelulares, están clasificadas como procariotas y la mayoría no son patógenas aunque algunas provocan enfermedades.
Los hongos pueden ser unicelulares o policelulares. Viven descomponiendo y absorbiendo la materia orgánica en la que crecen. Algunos son conocidos por su capacidad de infectar la piel y otros afectan en profundidad a los tejidos.
Son la gripe, que es estacional, la tuberculosis, la enfermedad por el virus del Ebola, la enfermedad por el virus de Marburgo, la peste, lepra, cólera, hepatitis A, hepatitis E, fiebre de Lassa, poliomielitis, dengue y dengue grave, úlcera de Buruli, la tripanosomiasis africana o enfermedad del sueño, la viruela símica, fiebre amarilla, meningitis meningocócica y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.
Se pueden transmitir mediante contacto directo con otras personas o con objetos contaminados, por ingestión de líquidos o comidas contaminadas por microbios procedentes de recipientes sucios, manos sucias, moscas, ratones o animales domésticos, por insectos o por contacto indirecto.
La gripe española fue la peor pandemia del siglo XX. Algunos investigadores afirman que empezó en Francia en 1916 o en China en 1917, muchos estudios sitúan los primeros casos en una base militar de EE.UU. el 4 de marzo de 1918. A diferencia de otros virus que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables entre 20 y 40 años, una franja de edad que probablemente no estuvo expuesta al virus durante su niñez y no contaba con inmunidad natural. Mató, entre los años 1918 y 1920 a más de 40 millones de personas en todo el mundo.