
Es la habilidad de dominar el lenguaje. Pero este tipo de inteligencia no solamente incluye el lenguaje oral, sino también la escritura o la gestualidad.
Es la capacidad de conceptualizar las relaciones lógicas entre las acciones o símbolos. Dicho de otra forma, es la habilidad para razonar de manera deductiva y lógica y la habilidad de resolver problemas matemáticos.
Es la capacidad humana poder observar el mundo y los objetos desde diferentes perspectivas y, además, es la habilidad para manipular o crear imágenes mentales para poder resolver problemas.
Es la capacidad enorme por elaborar piezas musicales, pues reconocen y componen tonos y ritmos musicales con gran talento.
Es la habilidad de utilizar el propio cuerpo, es decir, la coordinación de los movimientos corporales. Por ejemplo los bailarines.
Es la habilidad de entenderse a sí mismos, sus pensamientos y emociones y regular su propio comportamiento, porque son capaces de acceder a sus sentimientos y emociones y reflexionar sobre éstos.
Es la capacidad de elegir la mejor opción para alcanzar una determinada meta trabajando en conjunto, y está basada en la idea del trabajo en equipo, tan necesario para las empresas de hoy en día.
Se caracteriza por la fluidez, es decir, la capacidad para producir muchas ideas; la flexibilidad, para para ver y abordar las situaciones de formas diferentes; y la originalidad, para fabricar respuestas poco habituales o novedosas.
Las personas con alta inteligencia existencial tienden a meditar sobre su existencia. Este tipo de pensamientos pueden incluir el sentido de la vida y la muerte.
Es la sensibilidad que muestran algunas personas hacia el mundo natural, pues es la habilidad de distinguir, ordenar, clasificar, comprender y utilizar elementos del medio ambiente, objetos, animales o plantas.
Comprende tanto la inteligencia intrapersonal como la inteligencia interpersonal, y está compuesta por cinco elementos: autoconciencia emocional, autocontrol emocional, automotivación, empatía y habilidades sociales.
Es la habilidad única a la hora de llevarse bien o relacionarse con otras personas. Es la habilidad de discernir las emociones y las intenciones de los demás y permite interpretar las palabras y gestos, o los objetivos y metas de otras personas.