
El movimiento expone situaciones y emociones relativas a los sueños, las pesadillas y las fantasías. Expone situaciones en las que la imaginación se libera del sentido de la razón, incluso, a través de temas tabúes, oscuros y satánicos.
El movimiento exaltaba los sentimientos y los estados de ánimo sobre el racionalismo. El miedo, la pasión, la locura y la soledad fueron algunos de los temas más presentes en las obras románticas.
El movimiento aportó un nuevo carácter del paisaje, en el que la naturaleza resultaba una metáfora del mundo interior del individuo, no un mero contexto en la escena. Por ejemplo, un volcán podría simbolizar la pasión, una montaña nevada podría simbolizar la soledad y melancolía.
El movimiento se caracterizó por la búsqueda de la identidad, no solo individual, sino a su herencia y sentido de pertenencia. El concepto de cultura popular estaba muy presente en la literatura y el arte románticos.
El movimiento exaltaba la expresión del yo, en un sentido de reconocimiento de la identidad individual. Consideraba al sujeto como único y diferente que, a su vez, formaba parte de un colectivo en el que cada individuo gozaba del mismo reconocimiento.
En Latinoamérica, el contenido nacionalista del romanticismo confluyó con la recién terminada Guerra de Independencia (1810–1821), convirtiéndose en una herramienta de consolidación de las nuevas naciones independientes, recurriendo al costumbrismo como una herramienta de autonomía cultural.
Predomina la prosa. Nace el cuento, la crónica de viaje, el cuadro de costumbre, la biografía literaria, ensayos y memorias, pero sobre todo se produce una cantidad extraordinaria de novelas.
El romanticismo es un movimiento artístico e intelectual que tuvo lugar hacia finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX en Inglaterra, Alemania y Francia, para luego extenderse a todo el mundo.