
La mediación tiene como objetivo construir habilidades en el mediado para lograr su plena autonomía. Tébas(2009)La interacción de los individuos en su ambiente natural es fundamental en la construcción de aprendizajes, Vigotsky (1987) ha resaltado la importancia de la interacción social en el aprendizaje; en sus postulados da especial relevancia a la manera cómo los individuos desarrollan sus procesos mentales, y cómo estos se mediatizan en el entorno a través de los signos, las herramientas, o los diferentes conceptos; elementos que combinados orientan la actividad psicológica humana y facilitan el desarrollo de los procesos superiores del pensamiento - atención, memoria, lenguaje, etc.El profesor hace la mediación pedagógica entre el conocimiento y el estudiante“Mediación pedagógica es el tratamiento de contenidos y de las formas de expresión de los diferentes temas a fin de hacer posible el acto educativo, dentro del horizonte de una educación concebida como participación, creatividad, expresividad y racionalidad (Gutiérrez y Prieto, 2004)”(León G, 2014, 141)Muchos autores entre los que se encuentran Serrano y Pons (2011), en sus trabajos sobre enfoques constructivistas en educación, además de los tres elementos ya mencionados, tienen en cuenta un cuarto elemento: los objetivos de aprendizaje[1]. Así que la construcción de significados, y la atribución de sentido es un proceso que depende de las interacciones entre el profesor, los estudiantes, los contenidos y los objetivos de aprendizaje propuestosFunciones del Profesor mediadorPropiciar espacios de colaboración para que tanto el profesor como los estudiantes participen activamente de los procesos didácticos, trabajen en equipo, intercambien experiencias y conocimientos en una relación dialogante entre pares donde todos tienen algo que aportar.Fomentar el desarrollo de la autonomía de los estudiantes con acciones encaminadas a descubrir métodos eficientes de estudio que les permitan aprender a aprender.Facilitar el aprendizaje significativo con estrategias guiadas que apunten al desarrollo de habilidades y a la solución de problemas en la vida real.Fomentar la creatividad ofreciendo espacios para que los estudiantes enfrenten y resuelvan situaciones problema, y que se aventuren a proponer ideas originales en un ambiente de respeto por las ideas divergentes.Incentivar el desarrollo de valores humanos como la responsabilidad y disciplina, la solidaridad, el respeto, la tolerancia, y la humildad ante el conocimiento; todo con el fin de formar sujetos útiles a la sociedad.
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DeontologíaJ. Benthan (1834) define por primera vez la deontología en general, como la " ciencia de los deberes o teoría de las normas morales." Aplicada a las profesiones se denomina deontología profesional y es la disciplina que se ocupa de determinar y regular el conjunto de responsabilidades éticas y morales que surgen en relación con el ejercicio de la profesión, especialmente aquellas de dimensiones que tienen repercusión social.Su contenido se basa y justifica en los principios y normas de la ética y la moral, el objetivo específico de la deontología profesional, consiste en la aplicación de estos principios a cada profesión.La filosofía se ha esforzado (de distinta manera y con éxito desigual) por establecer lo que se ha llamado "El Estatuto Ontológico del Hombre": precisando los atributos y límites del quehacer humano. Aunque es evidente que la responsabilidad natural descansa básicamente sobre la familia y la responsabilidad moral descansa primordialmente en la escuela.La familia tiene la responsabilidad natural de la educación moral, ética y deontológica de sus miembros porque opera espontáneamente sobre los individuos que ella misma engendra, porque está estupendamente dotada para influir sobre los afectos, acciones y tendencias del individuo durante su evolución vital. La escuela y la universidad tienen la responsabilidad social de la educación moral, ética y deontológica porque es una organización integrada por una selección intelectual cuyo compromiso es con la colectividad. Por sobre todo la Universidad tiene que sentir, por encima de cualquier divergencia ideológica, la importancia esencial del impacto que ejerce permanentemente el intelecto sobre la salud de la voluntad y la responsabilidad de una tarea moral básica que cumplir.Los filósofos denominan las concepciones éticas "deontológicas" (del término griego deon, "deber") e implica limitaciones, mandatos o reglas, y en adelante me voy a referir a ellos en general simplemente como "exigencias deontológicas". Las concepciones deontológicas exigen a los agentes abstenerse de hacer el tipo de cosas que son malas aun cuando éstos prevean que su negativa a realizar estas cosas les producirá claramente un mayor daño(o menor bien).La Naturaleza y Estructura de las Limitaciones Deontológicas. Es hora de atender más de cerca a la naturaleza y estructura de las exigencias deontológicas —es decir, al sistema de normas o prohibiciones que constituye la base de las concepciones deontológicas— pues esto puede ayudar a hacernos una más clara idea de la naturaleza y estructura de las propias concepciones deontológicas. Merecen citarse en especial tres características de las exigencias deontológicas.Las exigencias deontológicas suelen 1) formularse negativamente de la forma "no harás" o mediante prohibiciones. Aun cuando parecería teóricamente posible transformar las exigencias deontológicas que se formulan como prohibiciones en prescripciones manifiestamente "positivas" (por ejemplo el mandato "no mientras" en "di la verdad", y "no dañes a un inocente" en "presta ayuda a quien la necesita"), los deontólogos consideran que las formulaciones positivas no son equivalentes a (ni se desprende de) las negativas. (Lea éxodo 20, 1-117) Según el deontólogo, aunque es evidente que mentir y faltar a la verdad, o dañar y dejar de ayudar, pueden tener las mismas consecuencias adversas, y resultar del mismo tipo de motivaciones, "mentir" y "faltar a la verdad" no son actos del mismo tipo, como tampoco "dañar" y "dejar de ayudar". Como lo que se considera malo son tipos de actos, una exigencia deontológica puede prohibir mentir y permanecer en silencio en un tipo de acto "supuestamente" diferente pero muy afín, a saber, el faltar a la verdad. Dice Uried:En cualquier caso, la norma deontológica tiene límites y lo que está fuera de esos límites no está en absoluto prohibido. Así mentir es malo, mientras que no revelar una verdad que otro necesita puede ser perfectamente permisible —pero ello se debe a que no revelar una verdad no es mentir (Fried, 1978, págs. 9-10).Así pues, las exigencias deontológicas no sólo se formulan negativamente (como prohibiciones) sino que además 2) se interpretan de manera estrecha y limitada. Esto es decisivo, pues diferentes concepciones del alcance de las exigencias deontológicas —o diferentes concepciones sobre lo que constituyen tipos de actos diferentes— obviamente darán lugar a comprensiones muy diversas de las obligaciones y responsabilidades de los agentes.Por último 3) las exigencias deontológicas tienen una estrecha orientación: se asocian estrechamente a las decisiones y actos de los agentes más que a toda la gama de consecuencias previstas de sus elecciones y actos. Como dice Nagel, "las razones deontológicas alcanzan su plena fuerza como impedimento a la acción de uno —y no simplemente como impedimento a que algo suceda" (1986, Pág. 177).La estrecha orientación de las exigencias deontológicas a menudo se explica en términos de una interpretación de la idea de autoría (agency (T)) y se explica apelando a la distinción entre intención y previsión. Se afirma así que violamos la exigencia deontológica de no dañar al inocente sólo si dañamos intencionadamente a otra persona. Si meramente optamos no emprender ninguna acción para evitar el daño a otros, o si el daño que afecta a éstos se considera consecuencia de una acción nuestra (prima facie permisible), pero no como un medio o un fin elegido, entonces, aunque nuestra acción puede ser susceptible de crítica por otras razones, no es una violación de la exigencia deontológica de no dañar al inocente. En opinión del deontólogo, no somos tan responsables (o bien no plenamente autores de) las consecuencias previstas de nuestros actos como lo somos de las cosas que pretendemos.Aunque la mayoría de los deontólogos creen que tenemos algunas obligaciones "positivas", la mayoría de las normas morales que según ellos rigen nuestra conducta se formulan "negativamente" como prohibiciones o no autorizaciones. Esto no es fortuito o accidental. Para las concepciones deontológicas, la categoría de lo prohibido o lo no permisible es fundamental en varios sentidos.Para el deontólogo, la distinción moral más importante es la existente entre lo permisible y lo no permisible, y es la noción de lo no permisible la que constituye la base de la definición de lo obligatorio: lo que es obligatorio es lo que no es permisible omitir. Aunque los deontólogos difieren respecto al contenido de lo que los agentes están obligados a hacer —aparte de evitar la trasgresión de las normas— coinciden en pensar que la mayor parte del espacio moral, y ciertamente la mayor parte del tiempo y energía de un agente deben consumirse en lo permisible. Según dice Fried,Uno no puede vivir su vida según las exigencias del ámbito de lo correcto. Tras haber evitado el mal y haber cumplido con nuestro deber, quedan abiertas una infinidad de elecciones. (1978, Pág. 13).El contraste con las teorías morales consecuencialistas es aquí bastante fuerte. Mientras que los deontólogos consideran que la idea de lo correcto es débil (o excluyente), los consecuencialistas utilizan una idea fuerte (o inclusiva): un agente actúa de manera correcta sólo cuando sus acciones maximizan la utilidad, e incorrectamente en caso contrarío. Las teorías consecuencialistas realizan así (lo que puede denominarse) el cierre moral: todo curso de acción es correcto o malo (y las acciones sólo son permisibles si son correctas).Los Deberes Con frecuencia, ética y deontología se utilizan como sinónimos. Es cierto que ambas palabras hacen relación al deber y ambas disciplinas son tenidas como ciencias: la primera se ocupa de la moralidad de los actos humanos y la segunda determina los deberes que han de cumplirse en algunas circunstancias sociales, y en particular dentro de una profesión dada. Por eso se identifica como " la ciencia de los deberes". Dice Ferrater Mora que la deontología ha de considerarse como una disciplina descriptiva y empírica cuyo fin es la determinación de ciertos deberes. La ética, a su vez, puede aceptarse como una disciplina normativa. Según el mismo Ferrater, recordemos que fue Jeremías Benthanm quien acuñó el término "deontología" en su libro Deontology, or the science of morality, con el significado de lo obligatorio, lo justo, lo adecuado. Tanto deontología como deontológico son términos que han caído en desuso y han sido reemplazados por "DEÓNTICO".De manera general se acepta que el cumplimiento del deber es hacer aquello que la sociedad ha impuesto en bien de los intereses colectivos y particulares. La persona es buena, actúa correctamente cuando cumple con las tareas y obligaciones que debe hacer. Desde que el individuo tiene uso de razón comienza a actuar bajo la presión de normas llamadas deberes (debes hacer esto, deja eso, no hagas, cumple con), a tal punto que su cumplimiento vive en función de ellos y es considerado como una persona honesta, virtuosa.El individuo posee obligaciones, que no son otra cosa que constricciones o coacciones; en el ámbito de la moral la persona puede ser constreñida externa o internamente. Las obligaciones cuyas motivaciones son subjetivas o internas son obligaciones éticas, obligaciones del deber, en tanto que aquellas cuyas motivaciones son objetivas o externas, son obligaciones de la coacción o estrictamente jurídicas. Deduce por eso Kant que la conciencia no es otra cosa que el sentido del deber, Kierkeegard sigue un pensamiento similar para él, aceptar que la finalidad de la vida es el cumplimiento de los deberes —es decir, que eso es la concepción ética de la vida— es un invento destinado a perjudicar la ética. El deber no puede ser una consigna, sino algo que nos incumbe. "El individuo verdaderamente ético —añade— experimenta tranquilidad y seguridad porque no tiene el deber fuera de sí mismo, sino en él". "En él" es su conciencia, que es nuestra propia voz interior, independiente de sanciones y recompensas externas.El filósofo inglés David Ross introdujo en 1930 el concepto de "deber prima facie", para significar que no existen deberes absolutos, pues los deberes dependen de circunstancias particulares (deberes condicionales). Desde entonces la frase "prima facie" encontró acomodo en la filosofía moral. Antes de él, los deberes estaban ligados al principio de utilidad para los seguidos de Mill y de Bentham, o al imperativo categórico para los seguidores de Kant Ross, a diferencia de ellos sostuvo que los deberes no pueden depender de un solo principio, sino que deben condicionarse a lo circunstancial. Siendo así, al surgir un conflicto de deberes, es decir una competencia jerárquica, nuestro verdadero deber será el más exigente, el más severo.Según Ross, nuestros deberes prima facie son variados: a) de fidelidad (ej., decir la verdad, cumplir una promesa); b) de reparación (restituir de alguna forma el daño causado); c) de gratitud; d) de beneficencia (existen seres cuyas condiciones podemos mejorar); e) de no maleficencia (no hacer daño a otro); f) de justicia (distribuciónde los recursos de acuerdo con los méritos y necesidades de las personas); por último; g) de automejoramiento o autoperfección.Con la anterior propuesta, Ross sentó las bases, o mejor señaló los principios morales que servirán luego para fundamentar la nueva ética profesional, no obstante las naturales críticas de carácter filosófico que ha tenido que soportar.Del Ejercicio de la Profesión Docente. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, reza: "La educación estará a cargo de personas de reconocida moralidad y de comprobada idoneidad académica". Más adelante al referirse al trabajo docente lo describe como "...elevada misión" y obliga al Estado a establecer leyes que regulen el ingreso,promoción, permanencia en el sistema educativo y evaluación de méritos (Art. 104).Los cambios políticos e institucionales que caracterizan a la Venezuela de hoy obligan a los ciudadanos venezolanos dedicados a la docencia a replantearse su rol en los centros educativos. Su "elevada misión" debe enmarcarse dentro de los nuevos paradigmas o doctrinas que inspiran los textos legales. No sólo es la Constitución y la Ley Orgánica de Educación, sino también la Ley Orgánica para la Protección del Niño y Adolescente (Título II: Derechos, Garantías y Deberes) y la Ley de Universidades.Un aparte de importancia se le asigna en la Educación Física y Recreación; "como actividades que benefician la calidad de vida individual y colectiva" (Art. 111).En el título IV, Capítulo II, Art. 78 de la Ley Orgánica de Educación, reza: "El ejercicio de la profesión docente estará a cargo de personas de reconocida moralidad y de idoneidad docente comprobada, provistas del título profesional respectivo. El Ejecutivo Nacional establecerá un régimen de concursos obligatorios..."El Art. 85 de la Ley de Universidad, reza: "Para ser miembro del personal docente y de investigación se requiere: poseer condiciones morales y cívicas que lo hagan apto para tal función..." (Lea disposiciones y aspectos fundamentales de la ley en referencia).En las nuevas leyes ya aprobadas y en plena vigencia, destacan la Doctrina de los Derechos Humanos y los Derechos del Niño y el Adolescente. El Docente no puede ignorar estos nuevos planteamientos; y, por el contrario, deberá convertirse en un celoso defensor y promotor de los Derechos. (Analicemos ampliamente el Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente: Deberes y Derechos del Personal Docente).Estos derechos tienen que ver con la educación: todos tienen derecho a la Educación: "Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdadde condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones..." (Art. 103 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela).Podemos resumir, que el papel del docente está delineado en la Carta Magna y replanteado en los niveles educativos respectivos. El docente en cualquier espacio, de su ejercicio, es un guía, un orientador...Recordemos que el Docente no es el centro del proceso educativo, lo es el alumno sujeto de deberes y derechos, pero el maestro puede convertirse en un líder, en un paradigma de la ciudadanía universal, en cuanto que su vida personal y profesional constituye un modelo de ciudadano respetuoso de la dignidad humana y convencido defensor de los Derechos Humanos, por un lado; y por otro, un profesional que ponga muy en alto el orgullo de ser venezolano. Recordemos que necesitamos instituciones y organizaciones formadoras de hombres y hombres formadores de hombres. Recordemos también que el alumno tiene sus derechos y sus deberes igual que las instituciones, y asociaciones gremiales que agrupan a los profesionales en el ejercicio de sus funciones. Recordemos la finalidad fundamental de la educación (Art. 3, para su comentario) y de este contexto determinemos nuestros deberes para dar respuestas como profesionales de la educación.
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En un sentido general, Nietzsche defiende que –como más adelante trataremos– la cultura moderna acaba con el genio, reduce sus condiciones de posibilidad y de realización al democratizarlo; la educación moderna acaba con el individuo, lo domestica y amansa. En un sentido particular, la pseudocultura aniquila la comprensión de la cultura misma como algo vivo y la convierte en un objeto de consumo: el objetivo supremo de la utilidad es el estar proyectada hacia y regida por asuntos económicos. Por ese motivo, la pseudocultura no se preocupa ni por la lengua ni por su corrección, sólo por la utilidad; la cultura moderna es una cultura de la mercancía. La mercantilización de la cultura llevada a cabo, según Nietzsche, por el mundo moderno acaba así con la esencia de la cultura: la cultura instrumental es una cultura propia de un mundo cansado de sí, de un mundo demasiado rápido que rechaza perseguir grandes ideales y que se conforma con tratar de educar al mayor número de personas corrientes posible. Sostiene Nietzsche que la educación moderna no arriesga: desprecia los senderos no transitados o bien toma el camino amplio y llano de los valores de la época: la autopista de la opinión pública; como contrapartida, la cultura creadora de valores se desecha porque no genera dinero. La cultura moderna es una cultura del ‘para x’ y la educación moderna se preocupa del individuo en tanto forma parte –prescindible– del gran mecanismo social: utilidad, beneficio y eficacia. Por si esto fuera poco, Nietzsche arremete contra la pseudocultura calificándola de contra-natura porque atenta contra el orden natural del espíritu al pretender reducir al hombre a patrones, englobarle y encasillarle en el Sistema, es decir, igualarle, restarle importancia y hasta negarle lo más original de su ser con el propósito de crear rebaños de hombres: las instituciones de enseñanza ayudan a conseguir la mediocrización del hombre, homogeneizan, agostan todo viso de individualidad al reducir su naturaleza a patrones culturalmente preconcebidos. En suma: la cultura moderna educa al hombre en unos valores decadentes, nihilistas, convirtiéndole en un ser decadente, en un ser cansado del mundo y de sí mismo. Pero la decadencia del hombre no sólo viene sólo de mano de la educación recibida por el Estado sino también por los educadores modernos de la masa y los modeladores de la opinión pública: los periodistas.

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El docente universitario tiene hoy una tarea intelectual compleja, que implica una responsabilidad profesional y enfrenta retos constantes, para ello requiere de saberes disciplinarios y pedagógicos, disposición, compromiso, creatividad y pasión, pues como interventor en la formación del sujeto, puede actuar de manera negativa o positivamente, es por esto que se considera relevante para el rol docente como investigador crear capacidades, habilidades, potencialidades del otro y por sobre todo en la valoración de la diversidad. En este sentido, se pretende en este artículo dilucidar acciones de reflexión en cuanto a los aspectos inherentes a la ética y los valores subyacentes de las acciones de la práctica científica y educativa de los docentes, como son la identificación de problemas éticos y de valores que puedan existir en el proceso investigativo del docente universitario. La metódica empleada fue la documental, revisando materiales científicos y revistas y artículos académicos. Destacando dentro de los resultados el planteamiento de principios éticos que orienten la investigación educativa tanto para el docente como para los grupos de investigación.

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La ética es el ideal de la conducta humana, orientando sobre lo que es bueno y correcto y se consolida cuando se internacionalizar las normas sin que exista presión exógena para su cumplimiento. La ética de un profesional se gesta desde la formación del mismo, por ello el docente debe actuar en esta etapa. Para realizar esta labor tiene que conocer los códigos éticos y plantearse cómo debe ser su comportamiento como educador.


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