Aunque tenemos un entendido general de la relación mente-cerebro, estamos comenzando a conocer detalles específicos de cómo la actividad cerebral permite el surgimiento de la mente(Anderson, Fincham, Qin & Stocco, 2008; Kanwisher, 2010).
Las tres perspectivas interesantes sobre la relación mente-cerebro. Primero, Antonio Damasio (Descartes’ error, 1994) ha presentado una nueva visión de la mente como el producto de la conexión entre el cerebro, los nervios periféricos y el ambiente social, dando énfasis al rol de las emociones en la conducta. Segundo, Joseph LeDoux en su libro, Synaptic self: How our brains become who we are (2003), también elabora una idea de cómo nuestra esencia individual y subjetiva es producto de la relación entre el sistema límbico (emociones) y los circuitos de la corteza cerebral que controlan procesos cognitivos y motivacionales. Y tercero, Steven Pinker en How the mind works (1997), concluye que la mente es un sistema de información y computación que nos permitió, durante el proceso evolutivo, entender los animales, plantas y objetos de nuestro ambiente. Nuestra historia personal, alegrías, tristezas, deseos y frustraciones existen en nuestro cerebro y son productos de la selección natural. Numerosos reportes Revista Griot (ISSN 1949-4742) Volumen 3, Número. 2, Diciembre 2010 22 centenarios y estudios neuropsicológicos también proveen información sobre cómo los procesos mentales emergen del sistema nervioso.Muchos casos clínicos y estudios neuropsicológicos evidencian también que los procesos mentales son operaciones cerebrales (Rudebeck, Bannerman & Rushworth, 2008; Tulving, 2002).
Asumir que los procesos
psicológicos, la mente y la conducta son procesos del cerebro no implica ignorar el conocimiento
y la práctica de la psicología en general. Todo lo contrario. Es una oportunidad para armonizar
ideas.
Las neuronas y neuroglias forman redes que se encargan del procesamiento de información y son
responsables del lenguaje y el pensamiento, entre otros fenómenos mentales.
El Área de Broca, el Área de Wernicke, la corteza auditiva, el giro cingulado y las regiones del lóbulo frontal son necesarias para poder escuchar, comprender y generar algún tipo de lenguaje hablado y escrito (Aboitiz, García, Bosman & Brunetti, 2006; Kuhl & Rivera-Gaxiola, 2008). Esta organización neuronal es producto de las instrucciones genéticas en el desarrollo embrionario. Los genes son los responsables de “pre-alambrar” las áreas antes mencionadas para que éstas procesen la información proyectada desde la cóclea de cada oído hasta los núcleos auditivos del cerebro medio y del tálamo. De igual forma, se necesitan conexiones entre regiones asociativas del hemisferio izquierdo con regiones que controlan la lengua y la boca para la producción del lenguaje hablado (Aboitiz, García, Bosman & Brunetti, 2006).
A pesar de toda esta interconectividad súper compleja, estas estructuras no pueden por sí solas
generar lenguaje hasta tanto esté presente un elemento sumamente importante: la experiencia.
El contacto social y la relación con otras personas es lo que permite que esas regiones cerebrales
funcionen, entiendan y generen lenguaje.
Uno de los principios más sorprendentes del sistema nervioso es su capacidad para cambiar tanto
a nivel morfológico como a nivel funcional. El cerebro es “plástico” en tanto y en cuanto puede
formar conexiones sinápticas nuevas, eliminar sinapsis y reemplazar proteínas a lo largo de toda la vida (Abraham, 2008; Holtmaat & Svoboda, 2009).
Si asumimos que los procesos mentales son neuronales y sabemos que el cerebro es plástico, entonces los tratamientos e intervenciones psicoterapéuticas en principio deben inducir cambios estructurales y funcionales en el cerebro que puedan medirse tanto a nivel psicológico como a nivel anatómico-funcional (Kandel, 1998).
Todos los animales, incluyéndonos, aprendemos de distintas formas y respondiendo a diferentes
estímulos del ambiente. El aprendizaje y la acumulación de memorias ocurren en el sistema nervioso.

Algunos estímulos y ambientes afectan negativamente el funcionamiento del cerebro y se convierten en factores asociados a ciertas psicopatologías.
Este asunto obviamente merece una discusión más amplia, pero sería bueno comenzar a reflexionar seriamente sobre qué
elementos de la práctica de la psicología en general, en sus respectivos niveles y especialidades, pueden nutrirse del conocimiento de la neurociencia. Pienso que esto debería comenzar desde
la misma psicología, considerando hacia dónde se está moviendo la disciplina en otros países.
La consciencia puede asociarse a la habilidad para
discriminar un estímulo o para acceder y descifrar nuestro estado interno. También se puede referir a un estado mental, al control de conductas y a la atención selectiva, entre otros (Chalmers, 1995).El cerebro también maneja información a nivel inconsciente. Un fenómeno que se ha utilizado para entender procesos inconscientes es una condición conocida como blindsight, o visión ciega.
Los pacientes con visión ciega presentan daños en la corteza visual localizada en la región occipital del cerebro. Aunque no pueden ver a nivel consciente, estos sujetos sí pueden responder a ciertos estímulos visuales, particularmente estímulos en movimiento.
Para el doctor Oliver Sacks, profesor de neurología y psiquiatría, la imaginación es la capacidad de ver con el cerebro (TED, 2009). Podemos generar la imagen de un objeto en nuestra mente sin ver el objeto. Lo interesante es que cuando nos imaginamos un objeto, una cara o un sabor se activan las mismas regiones y circuitos cerebrales que se activan cuando utilizamos los sentidos. Es decir, la imaginación es producto del cerebro.

Desde temprano en el desarrollo, el apego permite crear lazos de unión que son necesarios para sobrevivir, aprender, mantener cercanía y convertirnos en seres sociales (Zeki, 2007).
Nuestra capacidad para establecer conexiones sociales con otros seres humanos es una propiedad intrínseca del cerebro necesaria para generar cambios positivos tanto a nivel fisiológico como a nivel conductual. ¿Qué ocurre en mi cerebro cuando una persona se acerca para conversar? En primer lugar, las conexiones entre la amígdala (núcleo importante del sistema límbico) y las áreas del procesamiento visual (e.g. colículo, giro occipital inferior) nos permiten analizar con rapidez las señales relevante de ese contexto social (Skuse & Gallaghe, 2008). Los circuitos neuronales que se activan en respuesta a las emociones faciales y al tono de voz se conectan con el hipocampo y áreas asociadas a la memoria para poder descifrar si conocemos a la persona que nos está hablando e incluso si esa persona es de confianza. También la activación de unas células especializadas, conocidas como neuronas espejo (Cattaneo & Rizzolatti, 2009), nos permiten analizar las acciones y emociones de esa persona y asumir su punto de vista. Más aún, las expresiones faciales de la persona pueden evocar una experiencia similar en uno, bien parecida a lo que está sintiendo la persona que te está hablando (e.g. alegría, tristeza, disgusto). La integración de todos estos procesos por diferentes regiones cerebrales nos permite tenerconocimiento de nosotros mismos y de otras personas y nos permite reconocer sentimientos y pensamientos diferentes a los nuestros (Cattaneo & Rizzolatti, 2009).

Según Pessoa (2008), cognición se refiere a los procesos tales como memoria, atención, lenguaje y planificación. Casi todos los investigadores están de acuerdo con esta definición de cognición,
pero no existe un acuerdo claro sobre qué es emoción. Las emociones se generan en respuesta a recompensas o castigos, pueden ser procesos conscientes e inconscientes necesarios para evaluar un evento, o pueden estar atados a procesos fisiológicos particulares (e.g., miedo, envidia, coraje) (Pessoa, 2008).
La emoción y la cognición no pueden ser cosas separadas simple y sencillamente porque son fenómenos emergentes de las
mismas regiones cerebrales (Pessoa, 2008).